Estados Unidos: cómo el expansionismo creó una superpotencia con divisiones internas
En 250 años desde su independencia de Gran Bretaña, Estados Unidos transformó su geografía y población de manera radical. El país pasó de ser un conjunto de asentamientos dispersos en la costa atlántica a convertirse en una potencia mundial que se extiende por todo un continente. Este expansionismo territorial y demográfico, sin embargo, consolidó también las divisiones internas que caracterizan a la nación estadounidense hasta hoy.
El crecimiento geográfico fue espectacular. Las 13 colonias originales, que abarcaban 1,1 millones de kilómetros cuadrados, multiplicaron su extensión por ocho, alcanzando aproximadamente 9,6 millones de kilómetros cuadrados. La población experimentó una expansión aún más dramática: en 1790, año del primer censo, había aproximadamente cuatro millones de habitantes. Para 2025, esta cifra ascendió a 343 millones, lo que representa un aumento del 8.475%.
Los padres fundadores albergaban grandes esperanzas para su nueva nación, pero su éxito estaba lejos de estar garantizado. Acalorados debates sobre la esclavitud, la Constitución y el sistema económico y político generaron profundas divisiones en la población. Heather Cox Richardson, profesora de historia estadounidense en el Boston College, señala que observadores externos pensaban: “Lo único que tenemos que hacer es quedarnos aquí, esperar a que se despedacen entre sí y luego volver para recoger los pedazos”.
El territorio nacional casi se duplicó tras la compra de Luisiana a Francia en 1803. Sin embargo, cuando Estados Unidos entró nuevamente en guerra con Gran Bretaña en 1812, no había certeza alguna de que la nación lograría mantenerse unida. A pesar de la incertidumbre de aquellos primeros años, ya se habían asentado las fuerzas que determinarían la trayectoria futura del país.

