Aníbal Pichuco Troilo: legado del bandoneón en Buenos Aires
El 11 de julio se celebra el Día Nacional del Bandoneón en homenaje al nacimiento de Aníbal Carmelo Troilo, apodado “Pichuco”, quien nació en 1914 en el barrio de Abasto de Buenos Aires. El Congreso de la Nación instituyó esta fecha mediante la Ley 26.035 para reconocer la trayectoria del compositor y director de orquesta que definió el sonido de la música ciudadana.
La historia de Troilo comenzó temprano. A los diez años convenció a su madre para que le comprara su primer fuelle en una tienda de remates de su barrio. Un año después, a los once, realizó su primera presentación pública en un evento benéfico del Mercado de Abasto y luego integró un quinteto en el cine Medrano. Durante los años treinta, el joven instrumentista pasó por las orquestas más importantes de la época: la de Juan Pacho Maglio, Julio De Caro, Juan D’Arienzo y el sexteto de Elvino Vardaro.
La fundación de su propia orquesta típica llegó el 1 de julio de 1937 en el cabaré Marabú, un subsuelo ubicado en la calle Maipú al 300 que funcionaba como centro de la vida nocturna porteña. La formación inicial contó con el pianista Orlando Goñi y el cantor Francisco Fiorentino. El estilo de Troilo priorizó el equilibrio entre el ritmo bailable y la complejidad armónica, alejándose de las propuestas puramente mecánicas de otros directores. Sus arreglos incorporaron matices dinámicos que exigían alta precisión técnica.
La fisonomía expresiva de Troilo al tocar se convirtió en sello de identidad. Su postura característica —ojos cerrados, cabeza inclinada y cuerpo balanceándose al compás del fuelle— definió la estética del intérprete tanguero de la época de oro. Esa destreza técnica, sensibilidad interpretativa y su rol como director consolidaron su legado en la historia del bandoneón.

