Venezuela enfrenta crisis de transición política y humanitaria
La aparición de Delcy Rodríguez, encargada de la presidencia de Venezuela, en la 81.ª Asamblea General de las Naciones Unidas el 23 de septiembre sorprendió al mundo al impulsar un proceso de legitimación sin haber iniciado la reconstitución institucional del país. Nueve meses después de la extracción de Nicolás Maduro, la transición política venezolana enfrenta una crisis humanitaria profunda que amenaza el avance del proceso.
Según el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio, la transición consta de tres etapas: estabilización, recuperación y transición. La primera busca prevenir violencia, administrar sanciones y utilizar entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo para financiar al Estado. La segunda implica abrir el mercado venezolano a empresas extranjeras y promover reconciliación mediante amnistía y liberación de presos políticos. La tercera exige fortalecer instituciones y convocar elecciones libres y multipartidistas.
Sin embargo, apenas la primera etapa está medianamente cubierta. El funcionamiento del Estado no está asegurado en ninguna parte del territorio nacional, y existe una parálisis funcional que impide a los ciudadanos tener intercambios normales con las instituciones. Los hospitales carecen de medicinas e insumos, las escuelas no han abierto el nuevo año escolar, y los transportes aéreos y terrestres adolecen de regularidad y calidad.
La situación de los derechos humanos agrava la crisis. Aproximadamente 350 personas permanecen bajo brutal tratamiento como presos políticos, sin que se haya avanzado en su liberación. Esta realidad contrasta con el objetivo de la segunda etapa de transición, que contemplaba precisamente la amnistía y la liberación de estos detenidos como parte del proceso de reconciliación nacional.

